jueves, 22 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Umberto Eco
Escritor
Hace unos días, en un programa de divulgación científica de la televisión italiana que goza de una audiencia envidiable, Piero Angela, como siempre, elaboró un programa sobre el viaje de Cristóbal Colón entretenido y bien documentado.
Lo malo es que, inmediatamente después, los dos interlocutores observaron que estas nociones se perdieron en la Edad Media, tanto es así que los mapas de aquella época representaban la tierra como un disco.
No hay de qué escandalizarse por semejante imprecisión: Jeffrey Burton Russell en su Inventing the Flat Earth (Nueva York, 1991) ha demostrado que este error se encuentra también en historias de la ciencia muy serias y cita textos ilustres donde se repite todavía hoy que los mapas de Tolomeo fueron olvidados en Occidente durante 1 000 años, que la Iglesia medieval enseñaba que la Tierra era un disco plano con Jerusalén en el centro, y que, desde los siglos IV al XIV, se perdió la noción de redondez del globo. Pero entonces, ¿quién le diría tanto a Colón como a sus oponentes que la tierra era esférica?
El equívoco nace del hecho de que, por lo menos hasta Copérnico, tanto el mundo griego como el mundo cristiano consideraban que la tierra era inmóvil. Ahora bien, inmóvil no quiere decir plana.
Burton ha explicado que el pensamiento laico decimonónico, para sostener el darwinismo contra el fundamentalismo religioso, quería demostrar que así como la Iglesia se había equivocado con respecto no solo al geocentrismo, sino también a la esfericidad, se estaba equivocando igualmente con respecto al evolucionismo. Y se sacó el máximo provecho posible de dos autores cristianos (Lactancio, del siglo IV, y el bizantino Cosme Indicopleustes, del siglo VI), los cuales, puesto que un paso de la Biblia describía la Tierra con forma de tabernáculo, polemizaban contra las teorías paganas sobre la redondez de la Tierra y la representaban con forma cuadrangular.
Claro que Cosme, que había escrito en griego, nunca fue conocido por el medioevo occidental, y a Lactancio no se lo tomó demasiado en serio ni siquiera San Agustín. Agustín se limitó a decir que naturalmente la Biblia hablaba por metáforas, que quizá la Tierra era esférica de verdad, pero que no por conocer la forma de la Tierra podemos salvar nuestra alma, por lo que el asunto le parecía poco interesante.
Que la Tierra era esférica, lo sabían no solo el geocéntrico Tolomeo (que dividió esa esfera en 360 grados de meridiano) y Eratóstenes, sino incluso Pitágoras, Parménides, Eudoxo, Platón, Aristóteles, Euclides, Aristarco, Arquímedes.
Los únicos que no lo creían eran Leucipo y Demócrito. En cuanto a la Edad Media, en el siglo VII, Isidoro de Sevilla (autoridad indiscutible para los siglos siguientes) calculó la longitud del ecuador en 80 mil estadios. ¿Acaso podía pensar que la Tierra era plana?
Dante entra en el embudo infernal y sale por el otro lado donde ve estrellas desconocidas a los pies de la montaña del Purgatorio: por lo tanto, sabía perfectamente que la Tierra era esférica. Y de la misma opinión eran Orígenes y Ambrosio, y luego Alberto Magno y Tomás de Aquino, Roger Bacon, Juan de Sacrobosco, Pedro d"Ailly, Egidio Romano, Nicolás de Oresme y Juan Buridán, por citar algunos.
Que luego estas cosas las supieran los doctos y no los simples, no es de extrañar cuando todavía hoy en día en muchas partes del globo hay gente que tiene ideas confusas al respecto.
¿Cómo ha podido suceder, se dirá, que todas las representaciones medievales mostraran la Tierra plana? Ante todo, esos mapas no tenían funciones geográficas sino simbólicas (con Jerusalén en el centro); y luego, no representaban la Tierra sino las tierras conocidas.
Y hacían lo mismo que hacen hoy en día nuestros atlas, que nos quieren decir la distancia entre Roma y Jerusalén o Atenas, y si tienen que representar Europa, lo hacen en una lámina con dos dimensiones.
Si uno de nuestros atlas dentro de 1000 años cayera entre las manos de un visitante alienígena, este podría creer que también nosotros considerábamos que la Tierra era plana.

¿Cuál era entonces la materia de debate en los tiempos de Colón? Era que -como demostraba perfectamente la transmisión de Piero Angela -sus adversarios habían hecho cálculos más precisos que los suyos y consideraban que la esfera terrestre era más amplia de lo que sostenía el genovés; por lo tanto, era una locura intentar alcanzar el levante por la vía del poniente.
Naturalmente ni Colón ni sus enemigos sospechaban que entre Europa y Asia hubiera otro continente. El descubrimiento de América es un caso típico de "serendipidad", donde uno va a buscar una cosa y encuentra otra.
Pero, por lo demás, los buenos medievales sabían tanto como Colón. Salvo que Colón, a diferencia de Agustín, estaba dispuesto a jugarse el alma con tal de que le saliera un viaje redondo.
Umberto Eco es autor de "Baudolino", "El Nombre de la Rosa" y de "El Péndulo de Foucault". Traducción de Helena Lozano Miralles.
Tomado del diario El Comercio del 29 de mayo del 2005.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Los artistas son mejores matemáticos
El informe "Champions of Change: The Impact of the Arts on Learning" del Harvard Education Letter (noviembre-diciembre 1999) informa que los expertos del Centro de Investigación de la Educación para el Arte de la Escuela de Formación de Profesores de la Universidad de Columbia estudiaron la experiencia artística de 2.046 estudiantes de cuarto y octavo grado de escuelas públicas encontrando que los alumnos muy involucrados en el arte mostraron más creatividad y originalidad, sentido de cooperación, confianza en sus habilidades, y articulación de ideas con sentimientos que aquellos estudiantes con escasa experiencia con el arte. También informa que los investigadores de la Universidad de California bajo la dirección de James Catterall analizaron en 1998 los resultados del estudio longitudinal de diez años de las pruebas nacionales de rendimiento de 25.000 alumnos de secundaria, encontrando que los alumnos involucrados con el aprendizaje de la música superaban a sus pares que no lo estaban en las pruebas de mat emáticas, y que los alumnos que aprendieron teatro superaban a los que no lo hicieron en las pruebas de lenguaje. También encontraron que alumnos procedentes de hogares modestos que estaban involucrados en el arte sistemáticamente se desempeñaban mejor que aquellos pares que no estudiaron arte.
A estos estudios se agregan otros como el de Steven Morrison en EE.UU. quien encontró que las personas que cultivaron sus aptitudes musicales cuando fueron pequeños tuvieron más premios y mejores notas que otros que no participaron en actividades musicales, así como los estudios de Peter Douglas and Sheila Willatts que mostraron cómo el uso de canciones facilita el aprendizaje de la lectura y escritura porque hay una estrecha relación entre la habilidad rítmica y el aprendizaje de lectura en niños de siete y ocho años. También el College Board de EE.UU. analizó las pruebas del SAT rendidas por los alumnos entre 1990 y 1996 encontrando que los estudiantes de arte o música consistentemente alcanzaron puntajes más altos tanto en las secciones de matemáticas como las verbales.
Ocurre que el arte y la música promueven en quienes los aprenden habilidades como pensamiento crítico, inteligencia espacial, criterios perceptuales, organización del tiempo, autodisciplina y sobre todo autoconfianza. En el intérprete musical, la práctica artística desarrolla habilidades como leer, coordinar ojos-manos, entrenar la memoria, escuchar, recordar, y concentración que son todas habilidades que se transfieren a las áreas académicas. Las habilidades motoras para tocar instrumentos se transfieren a las capacidades de escritura, el ritmo de la música se transfiere a la lectura y la discriminación auditiva ayuda a desarrollar habilidades fonéticas.
Resulta extraño que la enseñanza del arte esté tan ausente y hasta les parezca prescindible a muchas autoridades educacionales. Sin embargo, es evidente que hay un mundo de estímulos que están siendo desaprovechados para formar al común de la gente, y que hay una legión de personas que podrían estimular o expresar sus talentos a través del arte, que no están recibiendo las oportunidades para hacerlo.
Por León Trahtemberg
Tomado de El Comercio, 15 May 2002.
lunes, 29 de agosto de 2011
La apropiación de la producción de toda la población por un puñado de personas es una de las características del sistema capitalista. Ningún producto social se salva de ser apropiado por la burguesía para ser aprovechado lucrativamente, ni siquiera la producción intelectual.
Como dice el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan: "La ciencia es una actividad colectiva". Sería pues imposible que una sola persona partiendo desde cero llegara a los niveles de conocimiento que manejamos hoy en día. Ya lo decía Issac Newton: "si he visto más lejos, es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes". Paul Lafargue, recordando sus conversaciones con Marx, escribía "La ciencia no es un placer egoísta: los afortunados que pueden consagrarse a las actividades científicas, deben, en primer lugar, poner sus conocimientos al servicio de la humanidad".
Entonces, si todo el conocimiento es un producto social, ¿Debe estar en propiedad de solo unos cuantos, como lo está actualmente? Leamos el siguiente artículo y reflexionemos.
Aaron Swartz , de 24 años, compró el septiembre pasado un portátil para, según consta en el auto por el que un juez de Boston lo acusó hace unos días de un delito informático, conectarse a la red del MIT y, desde ahí, acceder a la base de datos de publicaciones académicas JSTOR (del inglés Journal Storage). Esta organización es una nueva Biblioteca de Alejandría de la ciencia. Desde 1995 ha digitalizado las ediciones de 1.400 revistas científicas y tiene a 7.000 instituciones de 153 países entre sus clientes. La mayoría son universidades que pagan una cantidad que puede llegar hasta los 35.000 euros al año para poder acceder a sus archivos.
Swartz descargó el 98% de toda esa información. Cada día llegaba al campus del MIT, que ofrece una cuenta de acceso limitado a su red a los visitantes, y accedía a la base de datos de JSTOR. Diseñó un programa que automatizaba la descarga de todos los archivos que encontraba en formato PDF. Los responsables del sistema, al detectar una descarga tan masiva (en dos meses Swartz se bajó cien veces más de lo que descarga toda la red del MIT de JSTOR) bloquearon la dirección IP (que identifica a un ordenador en la red) que usaba. Pero cada vez que lo hacían, el activista cambiaba de dirección.
La investigación del caso
Tras semanas de jugar al ratón y al gato, JSTOR decidió bloquear todos los accesos que vinieran del MIT, lo que obligó a la universidad a investigar en serio el asunto. Su seguridad descubrió un ordenador conectado a su red escondido en una caja de cartón oculta en un armario de uno de los edificios universitarios.
El 4 de enero, los investigadores tomaron huellas del equipo y colocaron una cámara para saber quién era el intruso. Dos días después se producía la detención de Swartz.
Ahora, la Fiscalía de EEUU acusa a Swartz de una intrusión informática en redes del MIT y JSTOR, daño a sus servidores y de llevarse 4,8 millones de artículos, de los que 2,7 millones eran de editoriales independientes que los ponían a la venta en la plataforma de JSTOR. Según el escrito, la intención de Swartz era distribuir el material en "una o más páginas de intercambio de archivos". Piden para él 35 años de cárcel y una multa de un millón de dólares (unos 700.000 euros).
La noticia de la acusación formal ha provocado la reacción de los activistas de EEUU que defienden el libre flujo de la información. Primero porque, por sus antecedentes, Swartz no parece que buscara beneficiarse económicamente. Este joven pertenece a esa clase de genios digitales que usan la tecnología para el activismo y la difusión del conocimiento. Con 14 años, participó en el diseño del RSS, un mecanismo para recibir avisos de que una página ha sido actualizada.
Si se buscan fotografías de él en Google, hay una en la que, siendo niño, aparece vestido con una camiseta con la leyenda Creative Commons, la organización que creó un sistema alternativo a las restricciones del modelo actual del copyright. A su lado posa Lawrence Lessig, el cofundador de Creative Commons.
"La carrera de Aaron se ha centrado en servir al interés público promoviendo la ética, el Gobierno abierto y la política democrática", dice David Segal, director de Demand Progress , una organización con 500.000 miembros que Swartz creó y dirigió años atrás.
En el haber de Swartz también está su participación en la creación de la web de noticias Reddit (de la que meneame.net es su versión española). En 2008 publicó un estudio, junto a Shireen Barday, analizando quién financiaba determinados estudios científicos. Una de las conclusiones revelaba que los autores de investigaciones tienden a defender los postulados de los que han pagado sus trabajos.
Robo de conocimiento
Con ese pedigrí, Swartz no da la imagen de un delincuente informático sino de un ciberactivista. Como tal, hace tres años participó en la creación de un efímero movimiento llamado Guerrilla Open Access. Dos frases ilustran su misión. "No hay justicia al respetar leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declaramos nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública". En un segundo párrafo ya se adivinan las motivaciones de Swartz en este caso: "Tenemos que hacernos con la información, esté donde esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo".
Sin embargo, para la fiscal de Massachusetts, Carmen Ortiz, "robar es robar, ya sea con un comando de ordenador o con una palanca, ya se trate de documentos, datos o dólares", asegura en un comunicado. "Es igualmente perjudicial para la víctima tanto si se vende todo lo que se ha robado como si lo regalan", añade. Se da la circunstancia de que ni JSTOR ni el MIT querían denunciar. "Ha sido decisión del Gobierno el enjuiciarle, no de JSTOR", asegura en un comunicado esta organización tras la polémica levantada.
"Le quieren meter en la cárcel por culpa de un copyright que se ha quedado viejo", explica a Público el profesor del departamento de Economía de la Universidad de Washington en Saint Louis, Michele Boldrin. Para el coautor del libro Against Intellectual Monopoly , "a la ciencia le está pasando lo mismo que ya vivieron la música o el cine: la tecnología es tal que sería posible hacer accesible el conocimiento a un coste muy bajo, incluso ganando dinero, pero con el actual sistema de copyright esto es imposible".
Boldrin publica investigaciones y también consulta otras. "Pero yo ya no voy a la biblioteca, lo busco en internet", comenta. Señala al actual sistema de propiedad intelectual como el principal freno a la digitalización de revistas. Pero, además, las editoriales poderosas escanean colecciones históricas, ya en el dominio público, consiguiendo así el copyright para ellas.
Publicar los artículos
Ese efecto perverso es el que quiso denunciar el matemático Greg Maxwell. Nada más saber de la acusación contra Aaron Swartz, este también estadounidense cogió su colección de 18.000 artículos de la revista Philosophical Trans-actions of the Royal Society y los publicó en la página de enlaces The Pirate Bay . Hay textos de Isaac Newton o Charles Darwin. De hecho, todos son anteriores a 1923, por lo que hace años que estarían en el dominio público si no fuera porque JSTOR los digitalizó y cobra desde cinco euros por artículo.
Maxwell justifica su acción en solidaridad con Swartz: "La publicación académica es un sistema curioso. Los autores no cobran por sus escritos. Los revisores tampoco y, en algunos campos tampoco los editores de las revistas. Incluso, a veces, los autores tienen que pagar a la editorial. Y aún así las publicaciones científicas son una de las piezas más escandalosamente caras de literatura que uno puede comprar. En el pasado, las elevadas tarifas de acceso soportaban la reproducción mecánica de las revistas especializadas pero la distribución online ha hecho de esta función algo obsoleto".
En uno de los comentarios de respuesta a Maxwell, un usuario de The Pirate Bay describe con una sola frase un sentimiento que comparten muchos de los conocedores del caso de Swartz: "No soy científico pero me los estoy descargando por principios".
Por Miguel Ángel Criado
Tomado del diario Público (edición internacional del 11 de agosto de 2011)
sábado, 9 de julio de 2011
Desde la aparición de las primeras culturas se ha tratado de dar una explicación al funcionamiento de la naturaleza y del universo. En un inicio las explicaciones estaban plagadas de argumentaciones mitológicas y religiosas. Las primeras explicaciones dibujaban a la Tierra como una montaña hueca que flotaba en el mar y sobre el que existía un domo que a su vez sostenía a otro mar, y que además permitía su filtración por poros y grietas en forma de lluvia.
Es a partir de los griegos, que comienza el uso de la razón para tratar de dar explicación a los fenómenos de la naturaleza. Si bien es cierto que en un inicio sus explicaciones a las cuestiones astronómicas seguían atadas a la mitología, es posible encontrar planteamientos tan adelantados como los propuestos por Anaximandro, que plantea que “la materia prima de todas las cosas no tiene propiedades definidas excepto el ser indestructible y eterna, que todas las cosas se desarrollan a partir de ella y a ella vuelven; antes de nuestro mundo han existido infinidad de universos, que después se han disuelto en esa masa amorfa”. Este planteamiento se aproxima muy bien a la teoría atómica, al igual que Demócrito, que puede ser considerado como el pionero del planteamiento del átomo como elemento indivisible de la materia. Demócrito planteó la teoría sobre los átomos como constituyentes del Universo, con lo que nos demuestra que es un materialista. El creía que la materia que constituía el Universo eran los átomos, los cuales coexistían con el vacío. Los átomos eran infinitos e indiferenciables para el ojo humano, pero diferían en forma, en tamaño y en disposición. La combinación constante de los átomos constituía el mundo visible, pero ellos en sí mismos eran eternos, inmutables e indivisibles. Fue recién 24 siglos después, en el siglo XX, que se demostró que los átomos no son indivisibles.
Por otro lado, Heráclito aseguraba que la materia básica del mundo no era más que el fuego. No podemos decir que estuviera totalmente equivocado pues todos los planetas y las estrellas esta compuestos por masas incandescentes, que en el caso de los planetas se ha enfriado superficialmente para crear cortezas.
Uno de los grandes saltos en la comprensión del Universo se dió con Pitágoras de Samos, no tanto por sus aportes directos en materia de astronomía, sino por los aportes generales a la ciencia y a las matemáticas, y el movimiento que creó. Entre sus seguidores están Heráclides, quién es el primer griego en plantear un universo centrado en el Sol, además de plantear el giro de la Tierra en 24 horas. Este planteamiento sería continuado y reforzado por Aristarco, quien a pesar de no contar con instrumentos modernos, pudo calcular la distancia de alejamiento y tamaños del Sol y la Luna, demás de precisar el tiempo de rotación de la Tierra alrededor del Sol.
Fueron estos avances los primeros pasos en la carrera que posteriormente permitió a otros científicos y a nosotros comprender un poco mejor el Universo. Quizás muchos de los planteamientos no vinieran de la experimentación, y estuvieran errados, pero no podemos negar que el uso de la razón, el debate generado y la práctica de la filosofía para tratar de entender el universo, hayan jugado una papel decisivo en los descubrimientos posteriores.
jueves, 27 de enero de 2011

En Santiago del Estero, una provincia argentina donde todavía hay miles de quechuahablantes, la pobreza conoce muchos vecindarios.
Pues bien, a Santiago del Estero fueron los químicos del laboratorio británico GlaxoSmithKline para probar, en carne de niños atendidos por la salud pública, una vacuna experimental para combatir el neumococo, la bacteria de la neumonía y la meningitis.
Es cierto que ya hay una vacuna en el jugoso mercado de los ministerios de salud, pero esta requiere de varias aplicaciones -con lo que el seguimiento en zonas rurales se hace difícil- y, además, protege sólo de siete de los serotipos más insidiosos (pero no de todos).
Cientos de millones de dólares están en juego gracias a que, de tener éxito, Glaxo no tendrá dificultad alguna en aliarse otra vez con la Organización Panamericana de la Salud -convertida para algunas ocasiones en filial de las grandes farmacéuticas- y vender su producto como de uso masivo y obligatorio (a costa del tesoro público).
Así que, como decía, hasta Santiago del Estero fueron las redomas, las cepas, y las mutaciones vinculantes de Glaxo y su ejército de investigadores moleculares. Y allí empezaron a inyectar a cuanto niño pudieron.
Esa fue la buena noticia para Glaxo. La mala noticia para Santiago del Estero es que catorce de los niños vacunados con el nuevo producto en trance de experimentación -bautizado como Synflorix- han muerto. La noticia la reseñó ayer la agencia de noticias argentina Telam.
Ayer también se supo que el responsable de Salud de Santiago del Estero, Franklin Moyano, le ha pasado el caso a la justicia provincial y que ya está en curso una investigación.
Glaxo no sólo habría sido temeraria sino maliciosa a la hora de reclutar a los sujetos del experimento.
"No se les explicaba a los padres que se trataba de una vacuna en etapa experimental y muchos padres que dieron su consentimiento no sabían leer", dino Ana María Marchesse, presidenta de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de Santiago del Estero. Y añadió: "En algunos casos, primero les aplicaban la vacuna a los niños y luego les daban a firmar el consentimiento a los padres. Pero ese consentimiento tenía trece páginas; trece páginas que yo, siendo médica, tuve que leer tres veces para entenderlas".
Un cable de la Associated Press recaba las declaraciones de Glaxo: "Sarah Alspach, portavoz de GlaxoSmithKline en Estados Unidos, dijo a la AP que la compañía no atribuye las muertes a la vacuna, pero que a fines de junio suspendió temporalmetne el estudio (del Synflorix) en tres países sudamericanos (Argentina, Panamá y Chile) por recomendación de una junta independiente que monitorea la salud de los niños que participan en el ensayo".
La señorita Alspach añadió que la tarea de esa junta ya terminó, que la conclusión de sus miembros fue que el experimento era inofensivo y que, por lo tanto, Glaxo planea probar la nueva vacuna en unos 24 ooo niños latinoamericanos.
La pregunta que quedó por hacerle es por qué Glaxo no experimena con niños de Misuri o de alguna Dakota o de cualquiera de las Carolinas. O por qué, siendo británica desde 1715, no inyecta sus mágicas fórmulas a niños de Manchester o Liverpool. ¿O debí decir Cardiff o Belfast? ¿Y no habrá niños en el peñón de Gibraltar?
Quizá sea porque en este mundo -sueño de fenicios, bazar acribillado, territorio comanche de las corporaciones- hay niños de primera, niños de segunda y niños de tercera. Como en el Titanic.
Hildebrandt, César. En La Primera (Lima-Perú), 22/08/08
Siempre habíamos creído que las pruebas con drogas o virus que hacían los gobiernos utilizando humanos como conejillos de Indias eran parte de la mitología urbana, en la que los alarmistas de siempre buscaban satanizar a las grandes potencias.
Muchos creíamos que estos sórdidos experimentos eran solo parte de la ficción cinematográfica con que Hollywood nos solía aterrorizar de niños. Hasta que hace pocos días la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, ha tenido la hidalguía de informar que el Gobierno de su país le pide perdón al pueblo guatemalteco por haber realizado experimentos con naturales del país centroamericano entre 1946 y 1947.
La decisión de la secretaria de Estado ha sido generada, creemos, por la inminente publicación de un informe sobre la utilización de seres humanos, especialmente prostitutas, soldados y pacientes psiquiátricos, con los que se probó el alcance de la penicilina.

Los médicos norteamericanos y guatemaltecos que se prestaron para realizar estas experiencias tenían conocimiento de los riesgos a los que se sometía a las personas que sirvieron para las pruebas, pero estas desconocían los alcances de los ensayos.
Estos experimentos fueron descubiertos hace algunos meses por la investigadora científica Susan Reberby de la Universidad de Wellesley cuando revisaba algunos textos sobre el experimento Tuskegee (un estudio sobre la sífilis no tratada en varones negros), y en un hecho poco habitual al mundo académico, informó de esto al Gobierno.
Lo rescatable de este vergonzoso episodio es que inmediatamente Hillary Clinton y la secretaria de Salud, Katleen Sibelius, ofrecieron disculpas públicas sobre estas experiencias y emitieron un comunicado para manifestar: "A pesar de que estos actos ocurrieron hace más de 64 años, estamos indignados por el hecho de que semejante proyecto fuera auspiciado por el sistema público de salud de Estados Unidos".
Evidentemente, esta terrible experiencia nos remite a lo que por aquel entonces se había acusado a los nazis en e juicio de Nuremberg. Es decir, odiamos tanto a nuestros enemigos que terminamos pareciéndonos a ellos.
miércoles, 26 de enero de 2011


